Por Darío Duarte

El 11 de septiembre fue una fecha muy esperada para los amantes del anime en México y Latinoamérica, ya que por fin se estrenó en nuestro territorio la cinta Demon Slayer: Castillo Infinito de la casa productora Ufotable de Sony y distribuida por Aniplex, la cual ya es todo un fenómeno global.

Esta película es la primera parte de una trilogía con la que concluirá el anime shonen de fantasía oscura Kimetsu no Yaiba basado en el manga homónimo de Koyoharu Gotoge, siendo la continuación de la cuarta temporada de la serie “El Entrenamiento Hashira”, la cual irá adaptando el arco de la Fortaleza Infinita y el Conteo al Amanecer para terminar con el reinado de terror del demonio Muzan Kibutsuji . 

La trama de la primera entrega aborda los capítulos 140 al 157 del manga con los enfrentamientos del Pilar del Insecto Shinobu Kocho contra la Segunda Luna Superior Doma buscando vengar la muerte de su hermana; el joven Zenitsu Agatsuma contra la nueva Sexta Luna Superior Kaigaku, ambos discípulos de la Respiración del Trueno; y finalmente la impactante pelea entre el Pilar del Agua Giyu Tomioka y Tanjiro Kamado contra la temible Tercera Luna Superior Akaza, quien regresa como principal antagonista del último enfrentamiento en la película “Tren Infinito” de 2020.

Lo que resalta de este film es su animación que supera todo lo que se ha visto hasta el momento, tanto de la serie como del anime en general, sobre todo con las escenas de acción que desborda toda la cinta y la atmósfera en los planos, contando la cinta con sutiles escenas de alivio cómico. 

Todo apunta a que esta película estrenada en Japón el 18 de julio de este año seguirá rompiendo todos los récords de su categoría, incluso superando a su predecesora Tren Infinito quien domina la lista de la película más taquillera en Japón, por lo que es un gran augurio para las dos entregas faltantes de la trilogía.

Origen de la animación japonesa

Durante la segunda década del siglo XX aparece la primera manifestación de animación japonesa con Katsudo Shashin fechado en 1907, el cual consta de un pequeño fragmento de 4 segundos donde un niño escribe los caracteres o “kanjis” de “imágenes en movimiento”. El primer film considerado de animación en japón sería Imokawa Mukuzo Genkaban no Maki de 1917, el cual se encuentra perdido junto con otros trabajos de la época por culpa del terremoto de Kanto de 1923.

Una de las figuras claves de este fenómeno fue el mangaka Osamu Tezuka, quien se inspiró de las animaciones chinas y occidentales como las películas de Disney para crear su grandes obras gráficas, por lo que en 1961 funda su estudio Mushi Production en donde realizó las primeras producciones de animación japonesa para la televisión en donde adaptó la mayoría de sus obras como Astroboy, Kimba el león blanco y La Princesa Caballero, estableciendo el canon estético del anime como los grandes ojos y la apariencia adorable de los personajes.

El anime en Occidente 

Es a partir del final de los años 80 cuando la percepción del anime cambia en Occidente con la salida de la cinta Akira (1988) de Katsuhiro Otomo basado en el manga homónimo del mismo director y distribuido por Toho (Godzilla), seguido por la adaptación de la obra de Masamune Shirow, Ghost in the Shell (1995), dirigida por Mamoru Oshii y producida por Production, ambas ambientadas en futuros distópicos con estética cyberpunk las cuales gracias a sus temas mucho más maduros como la violencia explícita, los desnudos y cuestiones filosóficas permitieron ver al anime más allá de ser un género exclusivamente infantil.

Al mismo tiempo se iban posicionando los trabajos originales del Studio Ghibli de Hayao Miyazaki con obras como El viaje de Chihiro de 2001 y El niño y la garza de 2023 las cuales ganaron el Oscar a Mejor Película Animada, categoría en la que dominan las producciones de Walt Disney.

El anime en Latinoamérica

Ya desde la época de los sesenta se transmitían series como Astroboy por Canal 5, a pesar del dominio total del contenido mexicano y estadounidense en la barra de programación. En los setenta y ochenta, ante la ausencia de caricaturas nacionales para la sección infantil, se adquirieron principalmente caricaturas estadounidenses, aunque por los grandes costos por los derechos se optó por licencias japonesas como las obras de Osamu Tezuka, y otras series con más acción como Meteoro y Mazinger Z, así como adaptaciones literarias más parecidas a las telenovelas entre las que se están Heidi y Remi

Sería en la década de los noventa cuando surge el boom por estas producciones japonesas en México y Latinoamérica con las transmisiones en TV Azteca de Los caballeros del Zodiaco basados en la mitología griega, y cuya mercadotecnia con la venta de los juguetes de Bandai creó una euforia por estas propiedades intelectuales, la cual sería superada con la llegada de Dragon Ball Z de Akira Toriyama a Televisa en 1995 que consolida el anime en México.

Con la entrada del nuevo milenio y la ola de desprestigio mediático sobre el contenido japonés considerado como “satánico”, el anime hizo su transición a la televisión por cable con canales dedicados a la animación para adultos como Locomotion en donde transmitían programas como Neon Genesis Evangelion o Cowboy Bebop, al igual que el acceso a internet permitió la descarga de contenido exclusivo en Japón con la ayuda de traducciones propias de los fanáticos.

Dominio del anime en la taquilla

Aunque Toei ya había realizado películas en formato de mediometraje de sus propiedades intelectuales en los ochenta y noventa que no formaban parte del canon, fue con Dragon Ball Z: La batalla de los dioses de 2013 que vieron el potencial de llevar las obras canónicas a la pantalla grande, superándose en cada entrega como La resurrección de Freezer de 2015 y Dragon Ball Super: Broly de 2018. 

Además de Demon Slayer, otras series de anime reciente han llevado sus arcos argumentales a la gran pantalla como Gurren Lagann, My Hero Academia, Attack on Titan, Jujutsu Kaizen y Dandadan, quienes han llegado a nuestro territorio con la distribución de Konnichiwa Festival.

Los demonios en el cine

Desde los inicios del cine encontramos a estas criaturas de la noche como principales fuerzas antagónicas en los trabajos de Mélies como La mansión del diablo (1896) considerada la primera película de terror aunque con tintes cómicos característicos del mago del cine, haciendo también una clara alusión a los vampiros, además de otros trabajos del autor como El diablo en el convento de 1899 y El diablo negro de 1905. 

En 1922 se estrenaría Häxan: la brujería a través de los tiempos de Benjamin Christensen, un falso documental escandinavo considerado el primer largometraje “satánico” siendo el mismo director quien interpreta al diablo. Otra cinta del cine mudo es la adaptación de la novela Fausto de Goethe por el director alemán F. W. Murnau cuyo protagonista vende su alma al diablo. 

En la antología animada de Disney Fantasía de 1940 aparece el demonio Chernabog en la cima del Monte Pelado durante la música de “Night on Bald Mountain” de Mussorgsky. Uno de los demonios con mayor impacto en el cine es el Capitán Howdy o Pazuzu quien posee a la joven Regan MacNeil interpretada por Linda Blair en el clásico film El Exorcista.

Incluso en las propias películas de Toei Animation se ha visto la batalla del bien contra las fuerzas del mal como en Los Caballeros del Zodiaco contra Lucifer de 1989 en donde aparece el príncipe de las tinieblas, así como en Dragon Ball Z: El renacer de la fusión de 1995, en donde Goku y Vegeta luchan contra un demonio llamado Janemba en el infierno.

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